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Apuntes generales sobre la filosofía, ética y moral de la adaptación cinematográfica.

Escrito por: Gabo Ricart

Fotos: Unsplash


Tengo que retractarme de haber utilizado y definido un concepto que hoy considero no académico en mi tesis de grado sobre la Adaptación a Guión de Obras Literarias para la Escuela de Cine, Tv y Fotografía de nuestra querida Autónoma de Santo Domingo. Y si tengo razón en lo que voy a plantearles, eso significa muchas cosas, entre ellas, que las academias al rededor del mundo, todas, han estado enseñando y aprendiendo mal el concepto de adaptación durante todo este tiempo. Y espero que tal descubrimiento represente algún progreso para la escuela. Debo aclarar que no pretendo redefinir el concepto de adaptación, pero sí más bien reinterpretarlo y demostrar que el término “adaptación libre” está mal utilizado y no debe existir.


Adaptar significa transponer o transferir información de un lenguaje a otro, de un medio a otro, de una plataforma a otra o de un formato a otro. En esta definición, lo importante es la palabra información. Porque aunque estemos hablando de una obra de ficción, toda obra está compuesta de información y en el caso de la ficción puede que no sea información verídica pero es información a fin de cuentas. Es de mi parecer que, al hablar de información existe la responsabilidad y la ética de preservarla, conservarla y enseñarla de la manera en la que fue concebida originalmente. En ninguna parte del mundo se ha visto que alguna persona (ni siquiera un presidente) pueda manipular la información (cualquier tipo de información) a su antojo, eso simplemente está mal. Cualquier periodista que tergiverse la información, es un mal reportero. Otro ejemplo que puede parecer muy técnico pero es igualmente un buen ejemplo, es que, si hablamos de tecnología también se habla de adaptación y cuando se está tratando de lograr la adaptación de un formato a otro (sea de audio o video) se dice que la información debe transferirse toda, tal cual, sin haberse alterado o de lo contrario se dice que no se logró la adaptación e incluso, que el archivo está corrupto. Por lo tanto, toda adaptación debe ser fiel al original y las palabras “adaptación” y “libre” no pueden ir juntas en la misma oración.


Vender tu película como una adaptación cuando no lo es, ya no solo representa un conflicto ético, pero también moral. Y es que hacer eso es aprovecharse del éxito de alguien que trabajó primero que tú para llamar la atención a tu propio proyecto. Eso también significa violar la imaginación y la idea original del autor. Tal cosa puede representar un peligro para el proyecto porque se está desafiando la imaginación del lector al no brindarle la oportunidad de ver las cosas como se lo imaginaron al leer el libro. Y eso está mal porque el lector siempre va a pensar que lo que se imaginó cuando leía el libro es mejor que lo que tú le puedas mostrar en la película. Eso siempre será así, principalmente por lo ignorante que son algunos lectores.


Apegarse al material original significa que no todas las obras son aptas para soportar un proceso de adaptación. Los textos más apropiados para ser adaptados son los que constan más de información narrativa que descriptiva. Es decir, los que invierten más recursos en contar acciones y sucesos que describiendo ambientes y emociones. Porque así se escribe un guión audiovisual, con descripciones breves y la narración de acción en segunda persona y en presente progresivo.


También, lamentablemente, significa que por más que me gustaría, no se puede adaptar la historia de una canción como Andresito Reyna a la pantalla grande.


Las adaptaciones son, o no son. Y si no son, pues simplemente pasan a ser una película basada en un texto literario y eso está bien, es perfectamente honorable.


Gustavo A. Ricart

Cineasta y estudiante de Historia y Crítica del Arte.

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