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Naturaleza vs. simulación: sobre "Todas las manifestaciones del agua", de Mario Dávalos

Private Predator #2. Mario Dávalos (2025)
Private Predator #2. Mario Dávalos (2025)

Una de mis grandes inquietudes al comenzar el ejercicio de la crítica es poder ser completamente honesta: decir lo que realmente pienso, dejando de lado la adulación y la complacencia. Debo admitir que esto puede parecer misión imposible en un medio donde una opinión puede herir sensibilidades. No puedo hablar por otros críticos, pero sí por mí: dejo que el arte me toque, y aun cuando el artista sea cercano, me inclinaré por mi propia convicción al momento de comentar las obras. En esta ocasión no será distinto.


Quiero dar mi punto de vista acerca de la exposición “Todas las manifestaciones del agua” de Mario Dávalos. Y antes de hablar de la exposición como tal, debo mencionar algo que me hizo conectar con Dávalos más allá de sus obras: su desinterés en explicar cada trazo y cada elemento de sus cuadros.


Siempre he pensado que el arte no necesita explicarse en exceso. No todo elemento dentro de una obra tiene que responder a una lógica completamente racional o explícita. Y esto funciona en ambas direcciones: tanto para el artista como para el espectador. Creo que, en el momento de creación, muchos artistas entran en una especie de estado suspendido donde lo único que importa es la conexión con la obra. Un estado en el que no se crea para agradar, sino para transmitir. Elizabeth Gilbert lo describe como "ideas que buscan quién las ejecute"; y en la película Soul, ese estado aparece como “la Zona”, donde la concentración y la sensibilidad elevan al creador a otro plano.


Pero ese mismo fenómeno también ocurre en el espectador. No siempre “entendemos” lo que quiso decir el artista, y aun así algo sucede. Si bien el arte de cada época funciona como un registro de su tiempo, también existe un componente estético que produce sensaciones difíciles de traducir en palabras.


Pensando en esto, recuerdo a Dustin Muñoz, quien durante una visita guiada de su exposición TERRALUX respondió a la pregunta “¿qué significa este elemento?” con un honesto: “la verdad, no sé”. De manera similar, fue revelador escuchar a Mario Dávalos afirmar que no todos los elementos de sus obras tienen un significado explícito.


Sí habló del carácter distópico de su trabajo, de su interés en la tensión entre naturaleza y simulación, de la toxicidad sugerida en el color rosa o de la irrupción de lo urbano en lo natural. Pero explicar cada trazo no es necesario. Como él mismo plantea: sabe cómo empieza una obra, pero nunca cómo termina; es el proceso el que va dictando el resultado.

Y es precisamente desde ahí que se articula Todas las manifestaciones del agua. Más que una exposición, se trata de una investigación personal: una exploración de identidad que se despliega a través del agua como símbolo y materia. El agua contenida, el agua en estado natural, el agua como recurso económico, como elemento arquitectónico: sus funciones, sus usos, sus tensiones.


Presentada por Heliconia Projects y el Museo de Arte Moderno, con curaduría de Sara Hermann y diseño museográfico de Orlando Isaac, la exposición propone una experiencia de contemplación —una suerte de reverie— que invita a percibir el conjunto antes que obsesionarse con lo puntual.


El eje central es claro: la contraposición entre lo natural y su simulación. Muchos de nuestros espacios de descanso —resorts, jardines diseñados, entornos controlados— funcionan como versiones domesticadas de la naturaleza. No se trata de demonizarlos, sino de cuestionar qué ocurre cuando lo natural solo puede existir bajo condiciones artificiales. En ese intento por contenerla, corremos el riesgo de perderla.



Uno de los gestos más potentes de la exposición es la serie de preguntas con las que Dávalos recibe al espectador: 


  • ¿Soy lo que pienso, lo que digo o lo que soy? 

  • ¿Por qué hemos colocado el sistema económico por encima del mundo natural? 

  • ¿Es posible una economía que no contradiga la vida? 

  • ¿La abundancia material compensa la pérdida de sentido? 

  • ¿Operan en el mismo plano moral la belleza natural y la producida? 

  • ¿Puede sobrevivir el espíritu en un mundo que convierte todo en mercancía?


Son preguntas profundamente personales, pero también universales. Nos atraviesan a todos, incluso fuera del campo artístico. Son interrogantes válidas para cualquier ser humano que habita la Tierra y está inmerso en un sistema económico que condiciona, muchas veces, la forma en que percibimos el mundo.


Me gusta que Dávalos nos invite a reflexionar sobre nosotros mismos a través de estas preguntas. Me gusta su intención de llevarnos hacia un estado contemplativo; que sus verbos esenciales sean “aprender, explorar y crear”; y, sobre todo, su manera honesta y humilde de citar sus referencias filosóficas, integrándolas de forma natural dentro de su discurso.


Aurtorretrato como empresario. Mario Dávalos. (2020)
Aurtorretrato como empresario. Mario Dávalos. (2020)

Y este artículo no podría llevar mi firma sin detenerme en la obra que más me impactó. Mi pieza favorita es el dibujo Autorretrato como empresario (2020). Aunque no está directamente vinculado al agua, sí dialoga con esa exploración identitaria que atraviesa toda la obra de Dávalos. Este autorretrato, con el ojo tachado y aparentemente garabateado, posee una estética casi de explorador o experimentador. Más que un dibujo, se percibe como un gesto performático: un proceso donde el artista escribe, pinta y siente simultáneamente. La imagen se sostiene en una tensión agridulce —entre lo amable y lo incómodo—. Se presenta como una máscara suspendida, un rostro en camuflaje, un disfraz que se activa y se desactiva para poder encajar.


Esta exposición es una experiencia en la que no solo conoceremos mucho más de Dávalos, sus facetas, sus intereses, lo que piensa y parte de su experiencia en el Ártico, sino que es un viaje de autocuestionamiento y exploración interior.


 
 
 

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