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Ser Versátil... ¿Me aleja o me acerca a la originalidad?


Una de las definiciones que aporta el diccionario en línea de la RAE sobre el concepto “versátil”, es: “capaz de adaptarse con facilidad y rapidez a diversas funciones”. Nos tocó vivir en un mundo donde tenemos que ser versátiles para ser más productivos, incluso a veces para tener “éxito”. De hecho, la versatilidad es considerada como una cualidad ampliamente valorada por muchas empresas, ya que con esta los trabajadores pueden ser empleados en diversas funciones, con alta probabilidad de tener éxito en todas las tareas.


Sin embargo, no deja de ser importante y sano que estemos consientes de nuestras fortalezas y que, buscando explotarlas sepamos sentirnos cómodos también con aquellas cosas que no nos salen igual de bien.


Un ejemplo sería, una persona que es buen fotógrafo pero que no tiene las mismas cualidades para la dirección de fotografía; si bien es cierto que saber hacer ambas puede ser ventajoso en su carrera como fotógrafo, no menos cierto es que no habría nada de malo en que esta persona se auxiliara de alguien más para lograr que quien esté delante del lente tenga la mejor pose. Es una cuestión de saber reconocer fortalezas, trabajarlas y ser condescendientes con nosotros al momento de identificar cosas que no nos salen igual de bien.


De hecho, aunque podamos adaptarnos a desempeñarnos en varias actividades y ser funcionales en ellas, siempre habrá una o dos en las que nos desenvolvamos mejor.

Wayne Dyer dice en su obra “Tus zonas erróneas” que “uno quizá pueda fijarse ciertas zonas de su vida para hacerlo lo mejor posible, pero intentarlo en todo es un obstáculo, paraliza”. ¿Qué quiere decir lo anterior? que aunque ser versátil implique desdoblarnos y adaptarnos a varias cosas, el querer ser perfectos o los mejores en todo lo que hagamos, puede resultar desgastante y paralizante, por el hecho de que frustrarnos será lo cotidiano al descubrir que todos tenemos dones y talentos para cosas específicas, no para todo.


Nadie es tan perfecto como para hacerlo todo bien y, exigírselo, además de ser desgastante, significaría exponerlo a olvidar su esencia, quien es en verdad.


Para sostener este planteamiento, recordamos uno de los pensamientos del filosofo griego Aristóteles, quien sostenía que todos tenían una función en la sociedad y que por más simple o sencilla que fuera, era importante, porque sin esta no se sostenía la sociedad.

Ojo, con todo lo anterior la intención no es fomentar el descuido y abandono, el conformismo y la mediocridad, pues en sanas cuotas entendemos que ser versátil puede llevarnos lejos, pero tan lejos como para alejarnos de quien realmente somos nunca será un objetivo. Los limites, incluso para el éxito, deben respetarse.


Ahora, destacando lo positivo del concepto de versatilidad, es prudente decir que ser versátil evitará en ocasiones muchos sufrimientos, pues la rigidez, un extremo que nunca es bueno visitar, impedirá que lleguemos tan lejos como nuestras capacidades quieran llevarnos. Ser versátil no es solo hacer todo bien, es adaptarse cuando las cosas no son como deseábamos o esperábamos; “go with flow” reza una frase. Versatilidad es sinónimo de sobrevivencia y sin duda, una cualidad a poner en práctica, no buscando ser infalibles, sino adaptables según convenga.


Versátil no es ser invencible, versátil no es multitasking, versátil puede ser adaptable, siempre que variar nos lleve tan lejos como para no olvidar quiénes somos en el fondo, lo que más nos gusta, lo que nos identifica.


By: Soriely Nicasio


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