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Inspírate con nuestros posts de arte, moda y motivación


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Si aún no has visto "UGLIES", la nueva película de Netflix que está causando sensación, ¡aquí te damos cinco razones irresistibles para sumergirte en esta fascinante historia!


1. Narrativa distópica atractiva


"UGLIES" nos transporta a un mundo donde la belleza es un requisito social. La trama nos invita a reflexionar sobre los estándares de belleza impuestos por la sociedad moderna. Si te gustan las historias que desafían la norma y plantean preguntas sobre la identidad, esta película es perfecta para ti.


2. Aborda temas relevantes y contemporáneos


La película aborda temas muy actuales, como la presión social, la autoaceptación, la amistad, la lealtad y la lucha por la autenticidad. En un mundo donde las redes sociales a menudo dictan lo que es "hermoso" y nos presiona a cumplir los estándares que están “a la moda”, "UGLIES" nos recuerda la importancia de querernos tal como somos y de permanecer autenticos y fieles a nuestra propia esencia.


3. Personajes memorables y complejos


La protagonista, Tally Youngblood, es interpretada por Joey King, conocida por su capacidad para dar vida a personajes complejos y emocionales. A medida que Tally navega por su mundo y se enfrenta a decisiones críticas, su evolución nos va atrapando, principalmente cuando su amistad de tantos años se ve interrumpida. Por otro lado, el antagonista principal, Dr. Cable, interpretado por Keith Powers, representa la autoridad y el control que busca mantener el sistema. Su personaje añade un nivel adicional de tensión y conflicto, mostrando las repercusiones de un mundo obsesionado con la perfección.


4. Una adaptación visualmente impactante


La dirección de Avery DuVernay, aclamada por su trabajo en otras producciones impactantes, se refleja en cada escena. La producción está especialmente dedicada a sorprendernos con efectos especiales y diseños futuristas que, aunque son increíbles, no se ven exagerados. El diseño de producción y la cinematografía te adentran en esa sociedad distópica de una manera impresionante.


5. Hace llamado a la reflexión


"UGLIES" no es solo entretenimiento; es una invitación a reflexionar sobre nuestras propias percepciones de la belleza. Te dejará pensando en cómo las apariencias pueden influir en nuestras vidas y decisiones. Es una oportunidad para cuestionar lo que realmente significa ser "hermoso".


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La película está basada en la popular serie de libros de Scott Westerfeld, que ha enamorado a lectores jóvenes y adultos por igual desde su lanzamiento. La narrativa original profundiza en los dilemas de la adolescencia y la presión social, lo que hace que la adaptación cinematográfica mantenga la esencia de la historia mientras la moderniza para las audiencias actuales.


Si buscas una película que te entretenga y te haga reflexionar, "UGLIES" es la elección ideal. Ya sea que te gusten las historias distópicas, los dramas intensos o simplemente quieras ver algo que te haga pensar, esta película es imprescindible. ¡Dirígete a Netflix y sumérgete en el mundo de "UGLIES" hoy mismo!



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Con solo 25 años, Bramtco Martin se ha consolidado como el estilista de moda más emocionante del momento en República Dominicana. Este joven talento, cuyo nombre oficial es Bryam Martin Rosario, ha estado dejando huella en la industria de la moda desde que se adentró en el mundo del estilismo hace apenas ocho años.


Graduado en Comunicación Social y especializado en periodismo de moda e imagen por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Bramtco ha demostrado que su pasión por el estilismo va más allá de lo convencional. Su gran salto llegó en 2021, cuando ganó el “Gran Casting Soberanos Somos Todos” de Premios Soberano, lo que le abrió las puertas a proyectos de alto perfil.


Hoy, su talento se refleja en su trabajo con figuras prominentes como Amara La Negra y Vitaly Sánchez, así como en el estilismo de artistas como Nabila Tapia y Musicólogo. Además, ha dejado su marca en editoriales de moda para publicaciones locales e internacionales, como Oh! Magazine y L’AMour Magazine.


No solo se ha destacado en el mundo de las revistas y la moda, sino que también ha brillado en la producción de arte para videos musicales y en la conducción de segmentos de estilo en televisión.


Su ambición no se detiene allí; Bramtco está escribiendo un libro sobre la evolución del estilo en República Dominicana, explorando desde la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre en 1955 hasta el presente.


Con una presencia activa en redes sociales bajo el usuario @bramtco, este estilista continúa revolucionando el mundo del estilismo en la moda local.




Por Gustavo A. Ricart, Cineasta y Crítico de Arte Fotos: Fuente etxerna y Pexels.com


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John Berger, en su ensayo "Entender una Fotografía, 1968", presenta una crítica ambivalente sobre el rol de la fotografía dentro del ámbito artístico. Aunque su análisis aporta una interesante reflexión sobre la naturaleza reproducible de la fotografía y su relación con el tiempo, su interpretación parece estar anclada en un marco teórico que subestima el potencial transformador de este medio y que, irónicamente, cae en las mismas trampas que denuncia.


Berger sugiere que la fotografía no puede ser considerada un arte porque "por su propia naturaleza las fotografías tienen muy poco valor económico debido a que carecen del valor inherente a la exclusividad o la singularidad" (Berger, 1968, p. X). Esta afirmación es cuestionable, ya que reduce el valor del arte a su monetización, una visión que, aunque vigente en ciertos círculos, simplifica la complejidad de lo que se considera valioso en términos artísticos. ¿Debe el arte ser valorado solo por su capacidad de generar riqueza? La historia del arte nos enseña lo contrario, considerando la trascendencia de obras que no necesariamente han tenido un valor económico significativo en su tiempo, pero sí un impacto cultural incalculable. 


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En su análisis, Berger también argumenta que "la disposición formal de una fotografía no explica nada" y que "la fotografía no tiene un lenguaje propio" (Berger, 1968). Esta postura resulta, en el mejor de los casos, ingenua, y en el peor, reductiva. En su afán de desligar a la fotografía de las bellas artes, Berger ignora el hecho de que, como cualquier forma de arte, la fotografía desarrolla su propio lenguaje a través de la técnica, la composición, y la interacción con el espectador. Esta "disposición formal", que él minimiza, es precisamente lo que permite a una fotografía resonar emocionalmente y comunicarse de manera efectiva con su audiencia. Berger parece olvidar que cada medio tiene su propio lenguaje, y que la fotografía, con su capacidad para congelar el tiempo y capturar la realidad de una manera única, ha desarrollado una rica semántica visual que trasciende su mera función documental.


Además, Berger sostiene que "la fotografía no opera con constructos" y que "sólo hay decisión; sólo hay enfoque" (Berger, 1968, p. X). Esta visión es, por decirlo de manera indulgente, limitante. Berger parece pasar por alto la habilidad de la fotografía para construir narrativas, para manipular la percepción a través del encuadre, la iluminación, y la edición. No es solo una cuestión de decidir cuándo hacer clic en el obturador, sino de cómo ese momento se presenta y se contextualiza. La fotografía, al igual que cualquier otra forma de arte, es una herramienta poderosa para la construcción de significados, una capacidad que Berger desestima al reducir el acto fotográfico a un simple proceso mecánico.

Resulta irónico que Berger, quien critica la mercantilización del arte, insista en medir el valor de la fotografía bajo el mismo marco que denuncia. Su obsesión con la "reproducibilidad" como detrimento de la fotografía revela una falta de comprensión sobre cómo las imágenes pueden impactar y transformar culturalmente más allá de su capacidad de ser replicadas. De hecho, en un mundo donde la reproducción y la circulación masiva de imágenes son la norma, la singularidad de la fotografía no radica en su exclusividad, sino en su capacidad para insertarse en la conciencia colectiva y alterar percepciones a una escala que otras formas de arte simplemente no pueden alcanzar.


Finalmente, su comparación de la fotografía con un electrocardiograma, como si ambas formas de registro fueran equivalentes en términos de valor artístico, es un intento fallido de trivializar la capacidad de la fotografía para capturar la esencia de la experiencia humana (Berger, 1968, p. X). Al igual que un electrocardiograma, la fotografía registra, pero a diferencia de un electrocardiograma, tiene el poder de interpretar, transformar y trascender. En su ansia por clasificar la fotografía como algo menor, Berger parece ignorar el hecho de que toda forma de arte, en última instancia, es un registro—ya sea de emociones, ideas, o visiones del mundo.


En resumen, aunque John Berger ofrece una crítica provocativa de la fotografía, su análisis se queda corto al subestimar las capacidades artísticas y transformadoras de este medio. Su insistencia en enmarcar la fotografía dentro de los confines de la economía y la reproducibilidad revela una comprensión limitada de lo que hace al arte verdaderamente valioso. En lugar de simplificar la fotografía a una mera réplica del mundo visible, es crucial reconocerla como un medio dinámico capaz de crear nuevas realidades y significados, una dimensión que Berger, desafortunadamente, elige ignorar.


Referencias


Berger, J. (1968). Entender una Fotografía, 1968. Recuperado de: https://www.ossayecasadearte.com/post/entender-una-fotografía-1968-john-berger


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