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Escrito por Gala Berger (Lima, febrero 2023) Fotos: Cortesía Amy Hussein


Casa de fieras es la tercera exposición individual de la artista dominico-libanesa Amy Hussein, que reúne trabajos realizados los últimos tres años en torno a mitologías personales, nuevas técnicas de diseño e impresión 3D y una serie de retratos zoomorfos sobre distintos soportes. Acercándose al intercambio entre diferentes producciones culturales, Hussein realiza esta exposición en el predio hispano-morisco del museo de la porcelana de Santo Domingo, primer museo del Caribe en reunir una colección propia de estas características, donde se entrecruzan objetos precolombinos con porcelanas fabricadas industrialmente.

El museo fue fundado en julio de 1989 por Violeta Martínez, una restauradora y entusiasta del arte cerámico cuyo interés era legarle a la comunidad un espacio de exhibición que se fusionara con un taller-escuela en torno a la porcelana. Martinez, quien había sido considerada peligrosa por su amistad con Minerva Mirabal tuvo que exiliarse en su juventud debido a la dictadura de Trujillo. En el exilio realizaría sus estudios y comenzaría a trabajar en el medio para luego regresar al país y convertirse en su principal difusora (nota 1).


Para construir un diálogo directo con la institución Hussein produjo una serie de piezas de resina formulada con polvo de porcelana, que asemejan en estilo a piezas canónicas del museo pero que han sido creadas en base a herramientas digitales. En Ḥaw(2023) y Djinn (2023) un ciempiés humanoide y la silueta de un centauro fantasma incorporan en un mismo movimiento el imaginario de la artista y los sistemas de montaje del espacio. Ambas piezas también se corresponden con los procesos de investigación de Hussein, que responden a una lógica donde diferentes elementos sincréticos son combinados entre sí en forma aleatoria pero profundamente personal y afectiva. Hawwa por ejemplo fue producida teniendo en cuenta una leyenda urbana dominicana donde los ciempiés devoran cabello humano y habitan en las camas pero a su vez revisando en los archivos digitales de los intrincados dibujos cerámicos de la cultura nabatea. Es esta combinación de diferentes saberes lo que le permite a la artista desarrollar piezas como Disposable Gods (2023) en donde también con técnicas digitales reproduce uno de los objetos encontrados recientemente en un basurero antiguo en las afueras de Jiyeh (nota 2). Esta pieza destruida y descartada hace 2.400 años fue reconstruida en la actualidad por arqueólogos polacos y la noticia circuló ampliamente por medios y redes sociales. Hussein atesoró la información para luego producir un modelo en 3D que le permitiera imprimir el objeto con todos sus diferentes fragmentos entrelazados. Si vamos a las raíces del interés de la artista por este objeto en particular, encontramos que va más allá de lo meramente formal para enfocarse en parte de su propio pasado familiar y al hecho de que está figura de una diosa de cuerpo feminizado ha sido descartada y declarada obsoleta aún en tiempos pretéritos, conectando estos sucesos con la historia contemporánea de las múltiples violencias que enfrentan las mujeres y las mujeres trans en República Dominicana.


Otra obra que busca indagar en el contexto local y en las violencias relacionadas con el género es El Cuento de la Guinea, 2023, de la serie de platos en porcelana pintados a mano por la experta en porcelana dominicana Margarito Simó, quien colaboró con la artista en la elaboración de estas piezas que evocan el clásico del merengue El cuento de la Guinea (nota 3) de Dionisio Mejía más conocido como Guandulito. La canción original presenta en clave cómica un intercambio entre un autor imaginario y una jovencita, donde la guinea es utilizada como una metáfora del acto de cazar una presa o seducirla para su consumo.

En la imagen pintada sobre la superficie de porcelana se ve a dos gallinas de guinea, una de ellas caracterizada con rasgos femeninos, que sostienen una conversación. El intercambio es enrarecido, los rasgos humanos podrían representar al depredador pero la composición pictórica de las figuras sugiere que la guinea natural está en un rango más alto que su contraparte y a punto de iniciar el vuelo. Lo que la escena sugiere entonces, es que se trata de un momento anterior, una parte del cuento donde el acto de la cacería no se ha puesto en movimiento aún. Esto se debe tal vez, a que la estructura de la imagen adeuda su forma a una de las piezas centrales del museo de la porcelana Guineas de cuello blanco del escultor italiano Giuseppe Tagliariol. En esta porcelana del tipo Kaiser, Tagliariol desarrolla con destreza dos pequeñas guineas sostenidas en una rama de árbol, a diferencia de los platos de porcelana de Hussein, ninguna de ellas tiene cabeza humana.

Este hincapié en los personajes más que humanos, quimeras o híbridos vuelve a aparecer en Umbral (2022) un video de corta duración que investiga sobre la historia de los tratamientos para los desórdenes mentales en el país. En el video unas ruinas difusas hacen referencia al Monasterio de San Francisco, utilizado durante la ocupación militar norteamericana (1916 - 1924) para el tratamiento de pacientes psiquiátricos. Pero es de nuevo la enigmática criatura que habita en este paisaje, la que parece querer contarnos más de lo que la historia revela. En las leyendas locales La vieja Catán fue en realidad la primera encargada de oficiar los rituales de curación a los pacientes con problemas cognitivos (nota 4), la artista retoma estas narrativas y convierte al personaje central en un homenaje a la vieja curandera. Pero no para hablarnos del capacitismo de un cuerpo sin enfermedad, (nota 5) sino para evidenciar la soledad y el desamparo a los que los cuerpos diverso funcionales son diariamente sometidos. El aleteo de una mariposa azul es la que produce la acción, con su fragilidad y velocidad puede salir y entrar de los espacios, donde la esfinge atigrada observa impávida el transcurso del tiempo. La banda sonora es igual de inquietante, en las afueras de las ruinas se escucha una bachata de Daniel Morillo titulada La puerta romperé, pero al entrar al espacio de las ruinas cambia a la canción Sallimleh Alayh de la artista libanesa más popular del mundo árabe Fairuz. Estas canciones son apenas perceptibles, se encuentran en un segundo plano, pero funcionan como puentes entre los mundos a los que la artista pertenece a medias (nota 6). Ambas son además melodías que tratan sobre el desamor y sobre cómo el amor romántico construido desde una sociedad normativa y patriarcal es una fuente de constante desequilibrio emocional.


Pero es quizás en las pinturas presentes en Casa de fieras que la yuxtaposición y el colapso entre diversos mundos, borran con más fuerza las fronteras entre cuerpo y paisaje, mito y leyenda urbana, civilización antigua y contemporánea, biografía y ficción. Hussein desarrolla una serie de pinturas que comprenden las piezas Alwadi (2021), Khalij (2021), Salinas (2022), Goats in a wooded landscape (2023), Sahir (2023) y Sorti Nan Paradi (2022). Todas ellas funcionan como símbolos personales de la artista que le permiten complejizar narrativas locales y saltar temporalidades históricas para dar paso a que sean otrxs cuerpos, mutantes, zoomorfos, críptidos, mitológicos o representaciones autobiográficas las que tomen el protagonismo y ocupen el espacio central de sus composiciones. Muchos de los rostros de estas criaturas provienen del entorno cercano de Hussein, amigas, abuelas y demás cuerpos feminizados familiares son retratos en estas escenas. El paisaje que habitan, es la imagen estándar de un Caribe paralizado en la memoria turística, playas de ensueño, laderas, arrecifes al atardecer donde pasear con sus garras, colas y dientes. Esta animalidad declara también una perturbadora ansiedad con vistas a que en los últimos años la cantidad de animales vivos en el planeta ha ido reduciéndose significativamente, lo que la profesora Oxana Timofeeva, en la entrada sobre animales en el glosario posthumano llama vida espectral: "nunca desaparecen por completo, sino que continúan existiendo en un estado de desaparición perpetúa, su existencia se vuelve espectral (nota 7) . En las pinturas de Hussein este aire fantasmal es fusionado con la vida humana, donde víctima y victimario se funden para crear otrx ser.

Estos otrxs seres, aparecen todavía en L’Hallali (after Hondius) (2023) un tapiz elaborado utilizando nuevas técnicas de tejido, que combinan formas manuales con tecnológicas. Lo que le permite a la artista seguir produciendo imágenes digitales que pueden ser trasladadas a un soporte físico semi-artesanal. En este tapiz, Hussein retoma el tema tradicional de la cacería, pero esta vez la narrativa expone el momento exacto de la caída. Ella la mujer-venado ha caído en las fauces de la jauría que la persigue. Como en épocas de la dictadura (nota 8), donde se elegían cuerpos femeninos para su explotación, así los dientes de las fieras se posan sobre la suave carne abatida de la mujer-venado. De igual modo, como en la serie de pinturas anteriormente mencionada los cuerpos vuelven a mezclarse y confundirse, extendiéndose en un único cuerpo.

El resultado de la intervención de los trabajos recientes de la artista en el museo funciona como una invocación a la energía surrealista en clave caribeña, asociada con movimientos de liberación y de imaginación de otras posibilidades de existencia (nota 9). Aquí los objetos hablan de otras historias, revierten los sentidos narrativos occidentales, hackean la antropología establecida y los patrones coloniales de valoración entre culturas. Evocando en su recorrido memorias de la diáspora libanesa, la migración, el exilio y la construcción social del imaginario turístico del paraíso con las garras, colmillos y tentáculos de animales y criaturas salvajes. Estxs habitantes y monstruos de fábula presentes en toda la producción reunida en Casa de fieras, no parecen provenir del pasado sino de un futuro próximo, donde rostros de personas contemporáneas se funden con cuerpos-mitos para sobrevivir en los paisajes distópicos de catálogos promocionales de una zona del planeta constantemente amenazada por la especulación inmobiliaria.

Hussein nos recuerda también que como muchos objetos en las islas del Caribe, la porcelana es un artículo importado, incorporado en principio al espacio geográfico por medio del tráfico y el despojo de seres humanos y materias primas. Los colonos traían consigo sus símbolos de status, como puede observarse en parte del patrimonio sumergido que se exhibe en el museo, proveniente del naufragio del galeón Nuestra Señora de la Limpia y Pura Concepción, hundido en la costa de la La Española en 1641. Al subvertir estas imágenes o al crear nuevos objetos sobre estas mismas superficies, la artista intenta reparar un legado a través de un lenguaje de fantasía que pueda abrir paso a nuevas interpretaciones y lecturas tanto de sus propias crónicas personales como de aquellas historias que tenemos en común.

Amy Hussein en Instagram: @_a.hussein_

Museo de la porcelana: @museoporcelana89


Notas:

3. Ver https://www.youtube.com/watch?v=BGNPEw_SLIU / accedido por última vez 21/02/2023 4. Ver https://www.elcaribe.com.do/gente/cultura/los-inicios-de-la-psiquiatria-dominicana/ / accedido por última vez 11/02/2023 5. oMac Gregor y Johanna Hedva, Your Love Is Not Good, MUAC, 22/02/2023 6. Conversación con Amy Hussein, 27 de febrero de 2023 7. Timofeeva, Oxana. ̈Posthuman Glossary ̈, Edited by Rosi Braidotti and Maria Hlavajova, Bloomsbury Academic, Londres, NY, 2018 pp. 34 8. Ver: https://www.diariolibre.com/actualidad/medioambiente/la-caza-del-venado-un-animal- exotico-se-realiza-sin-control-en-el-puerto-AB13745885 / accedido por última vez 3/03/2023 9. Césaire, Suzanne. “The Great Camouflage”, Edited by Daniel Maximin, Wesleyan University Press, Estados Unidos, 2012.


Por Gustavo A. Ricart, Cineasta

Foto: Pexels


¿Qué debo hacer para ser un gran artista?


Esta parece una pregunta de esencia metafísica, pero no tendrá más que respuestas practico-prácticas. Primero debo entender que no alcanza con sentirlo o decirlo. Debo lograr que quienes me rodean me consideren un artista y alimentar esa concepción a la máxima cantidad posible de integrantes de los grupos de poder “artístico”.


Con grupos de poder “artístico” me refiero a ese cúmulo elitista de críticos, gente de medios de comunicación, artistas ya reconocidos, empresarios de la industria del arte y personajes influyentes del ambiente artístico cuya influencia es una especie de orden divino, ya que no se sabe muy bien cuál es exactamente su obra ni cual es realmente la razón de por qué influyen, pero son “formadores de opinión” en el mundo del arte y facilitan la tarea de quienes ni siquiera se toman el trabajo de formarse una opinión. Son "la creme de la creme" y ACROARTE…


Una vez que logre mediatizar mi “arte”, aunque sea de un modo mínimo, seré un artista para la sociedad y pasaré de vago a bohemio, de haragán a pensador, de perezoso a soñador y de inadaptado social a crítico rebelde.


Es importante tener una noción de mercadeo y reconocer que si algo resulta artísticamente exitoso debo repetir la fórmula para que se pueda hablar de mi” estilo. Esto sin olvidar que en determinado momento la crítica caerá sobre mí y entonces estará bien un “yo solo hago lo que deseo sin pensar en la crítica” mientras reviso mis listas de contactos y envío mensajes de agradecimiento por haberme nombrado, aunque sea de modo negativo.


Es de vital importancia, al menos en los primeros tiempos, mientras construyo mi propio mito, asistir a todo sitio donde se reúna la creme de los clubes de arte. Nadie se fijará en un poeta que escribe líneas en una oficina, en un músico que no está donde deben estar los músicos o en un pintor que no desfila por exposiciones ajenas. Debo ser artista las 24 horas y responder como artista a toda cuestión. Debo demostrar mi insatisfacción y mi desinterés por el dinero bebiendo whisky de RD$2,000 pesos la botella en un vaso de vidrio quilla’o.


Hay condimentos no indispensables pero que pueden jugar a favor a la hora de proclamarme artista: una niñez triste, una adolescencia taciturna, momentos de depresión, desengaños y hasta algún intento de suicidio ayudarán a crear mi imagen de espadachín precoz ante las incontinencias del vivir. Todos los grandes pasaron por esas cosas.

Por supuesto que debo recordar haber pasado hambre, hablaré del ruido de mis tripas cuando decidí hacerme al mundo con mi arte debajo del brazo y todas mis cosas envueltas en una manta atada a una rama seca. A la gente le gusta pensar: “pasaba hambre y ahora todos le invitarían a cenar”.


Será bueno a la hora de citar mis fuentes, musas o influencias, alejarme lo más posible de las reales; así puedo nombrar la influencia de Artaud en mi música, la del teatro japonés en mi poesía, la de los ritmos africanos en mi cine o la navegación vikinga en mi actuación. De está manera nadie podrá rastrear mis plagios y la desorientación declarará a mi favor en el juicio contra mi inteligencia.


En el caso de ser astuto para generar escándalos, estará bien una declaración no muy jugada pero que suene rimbombante: “miles de niños mueren en África por la injusticia de este mundo ciego”. Pero teniendo en cuenta que el mercado está saturado de cosas de ese tipo puedo llegar a generar algún efecto desde mi vida privada una vez que sea un artista de cierta trayectoria, esto sin olvidar que hay una gama de escándalos políticamente correctos y otros que no: “el artista fue sorprendido con la mujer de un senador”, “el artista salió desnudo en la última entrega de premios”, “el artista fue detenido por pintar con aerosol la casa de gobierno”, servirán para condimentar mi imagen en creciente marcha hacia la cima. Sin embrago cosas como “fue sorprendido con dos haitianas menores de edad”, “mantiene relaciones con su guardaespaldas” o “golpeó a una anciana en el estreno de su película”, solo servirán para que me lleve el diablo.


Para ser un gran artista no debo menospreciar el poder del gobierno de turno (o me pasará como a Vitico). Con mucha sutileza debo hacer guiños para que quienes ocupan lugares de poder se enamoren de mi. Hay artistas cuya gloria sólo se debe a que algún gobierno de turno se encaprichó con ellos. Y allí todos los beneficios de ser el artista de la hegemonía: espacios públicos a disposición, auspicios insólitos, prensa gratis y la sabrosa botella que se cobra en las oficinas estatales cuyo monto siempre es mayor a la labor realizada. De allí creo viene el reconocimiento “artistas nacionales” para algunos, y sé que los hay “provinciales” y hasta “municipales”. Si logro esto sin que se me identifique políticamente, quizás hasta pueda superar varios cambios de manos en el poder.


Es menester también, tener en cuenta a la hora de elegir el agente de prensa. El será quien informe sobre mi trabajo y hasta informe cuando no tenga nada nuevo que mostrar. Recordemos que todo esto es inversión y que hará que luego de un tiempo pueda esmerarme menos y obtener conceptos inversamente proporcionales sobre mi “arte” de parte de las viejas focas que poseen el cartel de “aplaudan” ante la opinión pública.


Para ser artista debo realizar algunos sacrificios y todos aquellos vínculos que logre construir con la elite de la industria artística deben ser periódicamente aceitados, ya que hasta los pactos de fidelidad más expresos valen aquí menos que un lienzo sin firma.

Sé que para ser artista debo tener carisma, glamour y actitud. Las tres cosas se compran en paquete una vez que alguien con pluma pesada o voz con eco dice “un artista con carisma, glamour y actitud”. Estoy seguro que un chimpancé con 1 minuto de exposición mediática diaria logra al cabo de un tiempo lo que llaman carisma. El glamour se obtiene rehusando un mantel como bufanda en alguna cena de embajada. La actitud es la que se espera de un cabo de infantería: gritos a los soldados rasos y sumisión al sargento.


Todas estas cosas son los que debidamente sincronizadas y requiriendo de mi absoluta atención harán de mí un “artista” con todo lo que ello significa. Revisadas y puestas en práctica estas consideraciones, sé que será difícil que falle en mi vocación. En cuanto al arte, ya tendré tiempo de ocuparme de él una vez retirado de mi agotadora tarea de convertirme en “un gran artista”.


Escrito por Robert Rosario Jiménez

Editado por Natali Hurtado

Me refiero al movimiento artístico de inicios del siglo XVIII, el Rococó, el cual nació en Francia hacia 1715 y se esparció por Europa hasta llegar más tarde a nuestro continente. Para mi sorpresa, aún hay vestigios del Rococó en este lado del mundo, pues recientemente ví muestras de su presencia en la obra del artista dominicano Benjamín Cruz.


“Dama de azul” es el nombre de esta pintura que me hizo viajar al Rococó. La estética difusa de la obra, además de la técnica mixta empleada por el artista, muestra clara presencia y/o referencia a dicho estilo. El artista une el mar y la vegetación para dar vida a un rostro femenino con diversos colores pasteles.


Esta obra es un vivo ejemplo de lo que dice Eduardo Chillida: “no hay jubilación para un artista; el arte es una forma de vida y como tal no tiene fin”. Me refiero a esto porque, además de lo antes mencionado, esta pieza me ha evocado un vago recuerdo de una obra de 1485 de Sandro Botticelli, “El Nacimiento de Venus”, por la unión de elementos marinos y terrestres. Y si me atrevo a analizar o dar otra interpretación con un poco de nuestro contexto histórico, podría incluso vincular esta “Dama de azul” a la cultura taína, enlazándola con Atabey, quien es considerada la madre de Yúcahu, el principal dios de los taínos, divinidad ligada a la fertilidad, la luna y el mar. Aquí es donde entra mi juicio crítico y de donde nace mi teoría de que a través del tiempo el arte tiene conexiones e interpretaciones que cada artista puede expresar a su antojo y darle su propio formato, como en este caso ha ejecutado tan delicadamente Benjamín Cruz con “Dama de azul”. Las tonalidades, las líneas de definición, los recursos de iluminación y sombras, hacen que esta sea una pieza exquisita a la vista.


Aunque el azul es el color menos presente dentro de la obra, al observar detenidamente podemos ver elementos que nos hacen referencia a su nombre; El artista supo jugar con la metáfora para darle un título al cuadro que puede ser interpretado por cualquier persona atendiendo a su propio juicio. Tal vez aparezcan algunos que incluso podrían hacer referencia a otros estilos artísticos parecidos al Manierismo o incluso Art Nouveau, pero esto ya lo dejo a la percepción personal del espectador que interactúe con ella.

Este análisis me conmueve a tal punto de volver a mencionar mi frase insignia: “el arte no se toca, te toca”... “me tocó” el poder reafirmar la fuerte diversidad y el talento que existe en el campo de las artes visuales en República Dominicana.


Sigue a Benjamín Cruz en @benjamincruzart

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